EL MAGICO ENCANTO DE LAS VELAS

Posted on 30 abril, 2011. Filed under: Sin categoría | Etiquetas: |

Lo mismo son icono de relax y romanticismo que de la vida y la muerte. Están en todos los ritos, templos y hasta en los cumpleaños, porque de ellas depende que se cumpla un deseo. ¿Qué fuerza esconden esas pequeñas llamas que llevan una eternidad hechizando al hombre?

Ante su luz se han enamorado amantes, se han escrito poemas, iluminado hogares e invocado dioses. Las velas han estado siempre rodeadas de un halo místico que nos atrapa a todos. ¿Quién no ha recurrido alguna vez a ellas para recrear un ambiente especial? Caer en su hechizo es una debilidad que sufre el hombre desde que Prometeo le robó el fuego a Zeus para ofrecérselo a los humanos y, desde entonces, las velas son protagonistas absolutas de nuestros pequeños y grandes rituales.
Con el simple gesto de encender una, iluminamos la oscuridad que rodea nuestras vidas con la energía vital que desprende su luz y que está al alcance de todos, porque para captar esa fuerza no hace falta ser un experto en control mental, meditación o yoga; sólo se necesita tener confianza y dejarse querer por su llama. Pero, ¿por qué las dotamos de tanta fuerza?
El desarrollo de la humanidad siempre ha estado asociado al fuego. Tenerlo o no marcó la diferencia entre vivir o morir. Las primeras civilizaciones lo adoraron y lo temieron. Conocieron su poder destructivo y su encanto. Lo utilizaron para defenderse de sus enemigos, para protegerse del frío, para iluminar y para espantar las tinieblas. Con el tiempo, se halló la manera de conservarlo artificialmente, por ejemplo en forma de velas, de modo que éstas se convirtieron en representaciones del fuego. Y así hasta hoy, que lejos de perder actualidad regresan con fuerza.
Las velas transmiten energía y nos ayudan en la concentración. Al encender una se establece una correspondencia entre su luz y la luz interior de quien la prende.
También se han hecho imprescindibles en la estética del hogar. Su luz convierte zonas corrientes en espacios fascinantes y recrea un ambiente cálido e intimista, lo que las hace imprescindibles en una cena romántica o para evadirse en soledad mientras se contempla el danzante movimiento de su llama con el cuerpo sumergido en un baño aromático; todo un placer para aquellos que no pueden pasar a menudo por un spa.
La alta perfumería también ha caído en su hechizo aplicando en las velas aromas populares o los más exóticos aceites. El sentido del olfato está estrechamente ligado con lo emocional, por lo que disfrutar de la llama de la canela (afrodisíaca), el anís (sosegador)… nos permite revivir momentos relacionados con dichas emociones.
Observar velas encendidas es incluso un arte consagrado en el tiempo llamado licnomancia, un ritual relacionado más con la adivinación, pero que no deja de tener un vínculo con nuestra manera de relajarnos ante esas tintineantes llamas que hacen que nos sintamos como aquellos dioses a los que una vez les arrebatamos el fuego.

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