ENTRE ELCIELO Y EL INFIERNO

Posted on 6 junio, 2010. Filed under: MENSAJE |

El cielo o el infierno
Te hablé ya de ese laberinto que los hombres construyen

en su mente

y de los miedos con los que combaten mientras lo recorren. También

nombré al sufrimiento y a la ilusión de poseer.

Sin embargo, conozco personas a quienes estos discursos les sonarán

 

 extraños, no relacionan el camino andado con el lugar donde apoyan

 sus pies, su presente con su pasado. No obstante sufren y aunque te

acerques amistoso rechazarán tu mano ya que aún ese sufrir lo

 organizan en nombre de su privada felicidad.

A una persona así le puedes pedir que abandone todo. Y lo hará, por

cierto. Dejará su mundo atrás, abrazará ésta o aquella causa, buscará

 refugio en una isla desierta, renegará de su padre y de su

 madre, de su religión o de su sexo.

En fin, abandonará todo, menos su particular sufrimiento porque en

 el fondo ama su manera de hacerse daño ya que allí encuentra un

 personal sabor, un color que reconoce como propio un

espejo donde se identifica y se afirma.

Piensa: hasta el suicida ata la cuerda al árbol en nombre

de su singular modo de ser feliz.

Te aseguro que este modelo quién más, quien menos lo padecen

 todos los caminantes. Y a veces lo llaman infierno.

El infierno lo creamos nosotros mismos y por momentos hasta

dejamos que el fuego que inventamos nos consuma. En vez de mirar

 todo lo bueno que la vida nos da, parece que nos gustara detenernos

 en lo malo y maximizarlo. Y no nos
damos cuenta que poco a poco nuestra vida pasa de ser un cielo a ser

 un infierno… El tan temido, el tan criticado y minuto a minuto nos

dejamos envolver por sus llamas enormes y entonces nada es claro,

todo es desagradable y pisamos cenizas: Nuestras propias cenizas,

nuestro pasado, nuestro presente, y hasta nuestro futuro lo hacemos

 arder y dejamos que el fuego crezca.

Cuando notamos que el fuego empieza a encenderse

tenemos que tratar

 por todos los medios de buscar ayuda. Si no está en

nosotros, buscarla

 afuera, siempre encontraremos a alguna persona que apague esa

 pequeña hoguera. Pero miremos bien hacia dónde vamos, no nos

 llegue a pasar que equivoquemos el camino y en llamas encontremos

a alguien que esté como nosotros y en vez de apagar el fuego o

aquietarlo, sople y nos encienda más.

Si elegimos el infierno debo decirles que ésta no es la mejor manera

 de llamar la atención. En el lamento constante por

aquello que nos ocurrió

no vamos a encontrar la salida real, la que nos ayude

 a crecer, a sentir

 y a volver a empezar. Al contrario la mayoría huye

del infierno porque,

 si bien, todos en un momento u otro de nuestra vida

solemos estar en él,

 es mucho más admirable aquel ser que logra detenerse,

 apagar las llamas,

curar las heridas y que busca ayuda a aquél que huye,

que culpa, que se

 siente una víctima y que por sobre todo, impide que otros le muestren

el camino para que pueda tocar cielo alejándose para siempre

de ese infierno.

El cielo o el infierno:

La elección es tuya.

 

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