SER O NO SER EN LA TORMENTA DE LA VIDA…REGALO DE FORTALEZA Y MADUREZ

Posted on 2 enero, 2010. Filed under: MMMMMM |

 

Hace varios años visité Tierra del Fuego, una

isla
bellísima en el extremo sur de Argentina y su

ciudad principal es la
ciudad más austral del mundo.

Esta tierra de escarpadas cumbres nevadas
es también

el hogar de una enorme colonia de castores. Estos

castores
no son nativos de Argentina, según me

contaron, sino que fueron traídos
desde Canadá

en el 1940 por algunos empresarios ambiciosos,

que
pensaban que serían capaces de hacer

una fortuna enorme con sus pieles.

Su razonamiento pareció genial: el único depredador


del castor es el oso, ¡y no hay osos en Argentina!

Sin depredadores,
los castores se multiplican

rápidamente, y podrían cosechar así
velozmente

los beneficios con la venta de estas pieles tan

caras y
hacer así una fortuna. El plan fue pronto

puesto en acción y 25 parejas
de castores llegaron a

Tierra del Fuego. Para alegría de los
inversores,

estos castores, efectivamente se multiplicaban

velozmente,
pero algo muy extraño ocurrió –

los recién nacidos no desarrollaban
capas gruesas

de pelo como sus parientes de Canadá. De hecho,

su pelaje
era totalmente insignificante e inútil.

Los empresarios angustiados
pronto se enteraron

de que el abrigo de castor crece más grueso

cuando
tienen experiencias en que están

expuestos al peligro y reaccionan con
el

miedo. Sin osos, no hay temor, y así su pelaje

no crece y no hay
posibilidad alguna de

fabricar ningún abrigo de piel de castor.

En nuestra sociedad, la comodidad reina.

Cualquier
cosa que hace la vida más fácil

y requiere menos esfuerzo, es muy
apreciado.

Hemos aprendido a evitar la confrontación y

el conflicto, y
la rutina es más valiosa que

explorar lo desconocido, y la seguridad
más

importante que la espontaneidad. Sin

embargo, a menudo, son las
cosas que

nos incomodan – los golpes, las decepciones

y las pérdidas –
aquellas cosas que nos

desafían más en nuestras vidas, son las


tormentas que deseamos evitar y son sin

embargo estas tormentas las que
nos

hacen fuertes. Ellas nos dan la madurez y

responsabilidad, ¿qué
mejor maestro podríamos

tener que nuestra propia experiencia directa de
vida?

La vida se estanca cuando eliminamos los desafíos.


Al igual que un niño mimado, que cuando finalmente

se enfrenta al
mundo, se encuentra sin los conocimientos

necesarios para desenvolverse
en la sociedad, si nos

queremos proteger a nosotros mismos sin vivir
los

conflictos inevitables de la vida, podemos encontrar

consuelo, pero
no encontraremos crecimiento.

Podemos encontrar la distracción, pero no


encontraremos la auto-realización. Para prosperar

y crecer como
persona, debemos enfrentar el

mundo y aceptar las pérdidas y las
decepciones

que la vida nos trae. Entonces, en lugar de percibirlos


como los obstáculos que nos impiden avanzar en

nuestro camino, podemos
utilizar estas situaciones

difíciles como las oportunidades para
cultivar e ir

más allá de nuestras fronteras y límites y ampliar

así
nuestros horizontes.

¿Cómo puede crecer un niño y transformarse en

un
adulto responsable? ¿Lo logra sin cometer

ningún error? ¿O lo logra
aprendiendo a través

de las consecuencias de sus propias acciones.

En
última instancia, tenemos que atravesar la

situación y tener la
experiencia para aprenderlo

nosotros mismos. Tal vez, cuando lo
hacemos,

podamos ver, “¡oh, ahora entiendo lo que mamá

me decía!” y así
estarás teniendo una experiencia

que te lleva a la madurez. La forma en
que

criamos a nuestros hijos a menudo refleja nuestra

necesidad de
protegernos de los problemas

naturales de la vida, no queremos que
cometan

nuestros mismos errores, pero tal vez necesite

atravesar eso u
otras cosas, para llegar a ser sabio.

Es natural que haya altibajos en la vida, estamos


teniendo una experiencia humana, y esto implica

una amplia gama de
sentimientos y situaciones.

Cuando comenzamos a nutrir un espacio
interno

de seguridad y el amor incondicional a través

de la expansión
de la conciencia, comenzamos a

experimentar estos extremos con mayor
libertad.

Comenzamos a abrazar los contrastes de la vida,

y encontrar
la aventura en el cambio y la incertidumbre.

La auto-realización no se
trata de vivir en un

estado permanente de felicidad desconectada del

resto de la emociones. sino que se trata de abrazar

los contrastes de
la vida plenamente, sin miedo:

desde un lugar de libertad interior, la
necesidad de

controlar nuestras circunstancias por miedo, se

transforma
en una danza sin restricciones y

en armonía con la sinfonía de la vida.


Tomado de la red

 

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