BOCETO DE MI MADRE

Posted on 9 mayo, 2009. Filed under: EMILIO GLIVEL. |

 


¡Muy Buenos Días Noble Madre!!!

¿Sabes?

Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados.

Una mujer que siendo una joven tiene la reflexión de una anciana y en la vejez trabaja con el vigor de la juventud.

Una
mujer que si es ignorante descubre todos los secretos de la vida con
más aciertos que un sabio y si es instruida se acomoda a la simplicidad
de los niños.

Una
mujer que es pobre se satisface con la felicidad de esos que ama y
siendo rica daría con gusto su tesoro por no sufrir la herida de su
ingratitud.

Una
mujer que siendo vigorosa, se estremece con el llanto de un niño, y
siendo débil se reviste a veces con la bravura de un león.

Una
mujer, mientras vive, no la sabemos estimar por que a su lado todos los
dolores se olvidan pero después de muerta daríamos todo lo que poseemos
por mirarla de nuevo un solo instante, por recibir de ella un solo
abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.

No me pidas el nombre de esa mujer, si no quieren que se me empapen las lágrimas, porque está en mi camino.

No
tengo idea de lo que acontecerá en otro momento, pero ahora, tratando
de sentirme hijo de los buenos, pues más que nada he sido caminante
amante, ya de la vida, de los amigos y de la mujer en general, quiero
plasmar en un grito… quizá el más resonante que se haya escuchado, el
agradecimiento por el solemne albergue brindado allá, cuando aún no
conocía los efectos de los rayos del sol.

Y es que cuando era antes de nacer, le pregunté a Dios…

       “¿Cómo es el mundo donde voy a vivir?”

Dios me respondió…

       “Bastante difícil, pero tu ángel te cuidará…”

       “¿Cómo es la gente de ese mundo?”

       “Unos buenos, otros malos, pero tu ángel te protegerá…”

       “¿Cómo entenderé su lenguaje?”

       “No te preocupes… con mucha paciencia, tu ángel poco a poco te enseñará…”

       “¿Correré peligro en ese mundo?”

       “Tu ángel siempre estará pendiente de ti para que nada pueda pasarte.”

Ya se acercaba la hora de partir y le pregunté a Dios…

       “¿Cómo haré para encontrar a mi ángel?”

Y Dios me dijo…

       “No te preocupes, tu ángel siempre te encontrará; así te ocultes entre miles de niños…”

       “Por favor Diosito lindo, una última pegunta… ¿Cómo se llama mi ángel?

Dios me dijo…

       “No sé cómo se llama tu ángel, pero tú le dirás… ¡MAMÁ!!!”

Y
bueno… es que yo adoro a mi madre. Es lo más grande para mí. Siempre la
tengo presente suave, sonriente, cariñosa. Siempre con sus brazos
abiertos para todo lo que me pudiese suceder. Si por bueno para
recompensarme, si por travieso para reconvencerme. Si alguna travesura,
su cara seria, poco protectora.

¿Alguna desilusión? Siempre el calor de sus brazos y sus palabras de aliento.

Madre.
Lo mejor de la vida. Solo por conocer ese cariño, limpio,
desinteresado, protector, merece el venir a este mundo. Aunque solo el
nacer fuere por eso, tendríamos que nacer obligatoriamente.

El amor de la madre no tiene edad.

De niño te cuida, te protege, eres todo para ella y ella es todo para ti. MADRE. No hay palabra que la iguale.

Cuando creces te guía cual arbolito para que no te tuerzas.

Siempre
la encontrarás. De día, de noche; en invierno, en verano. No tiene su
amor horario, está siempre permanente. Es como un gran faro, siempre
alerta para que la encuentres.

Se quitará de comer, de vestir. Dará su vida por su hijo si es necesario.

No
tendrá cansancio en sus noches de vela, en la enfermedad del hijo.
Cuando abras tus ojos cargados de fiebre, la verás siempre alerta,
nunca dormida. MADRE.

Aun
anciana, encontrarás su consejo. Solo a ella, en tu madurez, podrás
contar tus fracasos sin avergonzarte, sin temor a críticas. Ella sabrá
tener la palabra o el silencio apropiado.

MADRE, Dios te dejó en su lugar para que en la tierra nos cuidaras y nos preparases para Él en el Cielo.

Te dio vida para a través tuyo darnos la vida.

Tanta
importancia te dio que a su propio Hijo le dio una que le cobijó, le
amó y mimó y así la Santísima Virgen tuvo la desdicha mayor de una
Madre… ver a su hijo muerto.

No
hay desdicha más grande que la perdida de un hijo, porque nada amara
tanto la madre como a su hijo, y qué podemos decir de la madre que
tiene a un hijo enfermo.

Cuando alguien, especialmente joven muere, siempre se compadece a la madre, precisamente por ese amor que ha de tener.

MADRE…

Cuando yo iba de tu mano por las calles…

Cuando ya algo crecido pude cogerme de tu brazo ¡que ilusión!…

Cuando alcancé tu estatura ¡que orgullo!…

Y cuántos "cuándos" podría yo contar de estar a tu lado.


me enseñaste a leer y a escribir y un recuerdo imborrable el día que me
enseñaste a leer la hora en el reloj ¿recuerdas? Tu cosías y
escondíamos el reloj en tu labor para sacarlo cada cinco minutos y yo
ver si así te lo decía bien.

MADRE,
aun viejita siempre tienes la sonrisa y el cariño a cada paso. Aunque
haya de protegerte y cuidar a la madre ya mayor, también sabemos
hacernos niños junto a ella para que nos cobije. Siempre te dará un
consejo certero y seguro y tantas veces tendremos que decir: tienes
razón Madre.

Y
aunque ahora parezcas mi hija, pues a mi cuidado en cierta forma te
tengo, tu amor incólume y tu derecho a siempre poner las cosas en orden
está presente y así, con ternura y hasta beneplácito cubres mis
requiebros y con tu mira, el consejo que necesito para decir o hacer lo
que debo…  

Al pensar en ese amor inimitable, también recuerdo esas otras madres.

A aquellas que nunca podrán enseñar a sus hijos lo bonito de la vida. Ni verlos crecer, ni su primer diente, nada.

Estarán
contentas, se han librado de un hijo que no querían pero llegara su
vejez y aunque tengan, algunas mas hijos, siempre estará la ausencia de
aquel que no pudo nacer, ese que probablemente sería el "báculo de su
vejez" o el orgullo y la alegría de su madre.

Claro,
que eso no era una madre, ni siquiera una mujer. Eso no tiene nombre,
porque el ser madre es lo más maravilloso que puede sucederle a una
mujer. Porque aunque una mujer no tenga hijos, lleva ese amor dentro,
es una gracia que Dios puso en todas las mujeres

Por
eso… como corolario de este mensaje… si es que tienes a tu madre viva…
dale todo tu amor encerrado en comprensión y juicio para hacerle feliz
no solo “el día de la madre” sino todos los días de su vida, ya que a
pesar de que hagamos lo que hagamos, jamás podremos compensar ni en una
mínima parte lo que ella hizo por nosotros…

Si
es que no la tienes a tu lado o no está en este mundo, acoge con amor
la decisión del Todopoderoso, porque ten por seguro que ella se
encuentra velando tus paso y cuidando de ti…

Caramba… viene al caso…

“Todito te lo consiento…

Menos faltarle a mi madre…

Porque a una madre no se encuentra…

Y a ti… a ti, te encontré en la calle…”

MADRE…

¡Feliz Día!!!

Y… a todas las MADRES del mundo…

¡Feliz Día!!!

Gracias Dios mío por haberme dado a mi ángel.

Un hombre quiere a su amor más que a nadie, a su esposa mejor que a nadie, pero a su madre más tiempo que a nadie…

Fue un mensaje de:


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