AMOR PLATONICO

Posted on 27 marzo, 2009. Filed under: Sin categoría | Etiquetas: |

¿Por qué habíamos de renunciar a los amores más ideales, si
podíamos vivir en ellos del mismo modo que se vive un sueño? Es que la ilusión
es como la ambrosia: mantiene siempre encendido el deseo y la esperanza y
ennoblece la vida. Si podemos idealizar la realidad en que vivimos, si cada uno
puede tener para sí el más sublime y perfecto amor, ¿por qué íbamos a
renunciar?

Llevo unos días dándole
vueltas en la cabeza sobre un tema, EL AMOR… cuando acaba el amor, cuando
muere el amor; como y cuando llega el amor, cuanto tiempo dura el amor….. Será
un virus? una epidemia?… pasajera? mortal?… necesito saber el por qué duele,
hiere… y aún así quiero amar, sin conocer aún como se cura ese dolor, mmmm,… tendré
que andarme con cuidado, hacer un alto para pensar, recapacitar, decidir si una
vez mas abriré mis puertas conciente de la factura a pagar al entregar de
nuevo  mi corazón
.

Primavera 09

Ana Lilian.

 

AMOR PLATÓNICO

La
mayor genialidad de Platón, cuya fascinación no se ha agotado a pesar del paso
de los siglos, fue crear un mundo virtual, como diríamos ahora, mucho más
perfecto que el mundo real, y con la fuerza suficiente para suplantarlo con
éxito. Su gran invento fue la teoría de las ideas: las cosas que vemos no son
más que sombras de la gran realidad, de la esencia de las cosas, que está en
las ideas. Así que tanto el conocimiento como la inclinación, tienen que
dirigirse a los prototipos, no a sus copias. Más aún: nuestros sentidos y
nuestra mente han de usar las cosas como trampolín para llegar a las ideas. El
platonismo prendió con fuerza en nuestra cultura: penetró hasta en la Biblia (el inicio del
Evangelio de san Juan es de lo más platónico que se puede escribir), y el
genial san Agustín hizo una lectura platónica de la teología; y hasta tal punto
convenció, que durante siglos fue venerado Platón como un santo profeta. Amor
platónico
es, pues, el amor
idealizado, el de aquel que considera que sus sentidos no son capaces de
percibir toda la perfección del objeto amado, y que ha de guiarse por los ojos
del alma, que le ponen en contacto con la misma esencia, con el amor por
excelencia. San Agustín identificó al amor con Dios, es deci r personificó la
idea del amor, poniéndoles filosofía y belleza poética a los textos bíblicos. "Tarde
te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Y he aquí que tú estabas
dentro y yo fuera…
Una vez abierto el camino, los místicos siguieron tras
la contemplación y goce directo del Amor, no en sus sombras, sino en su
esencia, sin la mediación siquiera de los sentidos. Es ésta la forma más
platónica del amor. No sería nada extraño que fuese la mística iniciada por san
Agustín, que durante siglos mantuvo forma tan sólo teológica, la que influyese
de alguna manera en el nacimiento del amor cortés. Tampoco sería éste el primer
caso de transferencia de la cultura religiosa a la profana (la misma "palabra"
salió de la "parábola", cuyo hábitat natural era la iglesia).
Sin los fundamentos teológicos de la mística, nunca hubiera podido
desarrollarse ésta.

¿Por
qué habíamos de renunciar a los amores más ideales, si podíamos vivir en ellos
del mismo modo que se vive un sueño? Es que la ilusión es como la ambrosía:
mantiene siempre encendido el deseo y la esperanza y ennoblece la vida. Si
podemos idealizar la realidad en que vivimos, si cada uno puede tener para sí
el más sublime y perfecto amor, ¿por qué íbamos a renunciar? Esa es la esencia
del amor platónico: la disposición a idealizar al ser amado como encarnación
del amor. Es la ilusión de tener cada Quijote su Dulcinea, y cada Dulcinea su
Quijote. Pero con el prodigio añadido de que el amor no queda tan sólo en
contemplación, sino que obra buena parte de los milagros que se forja. Cuando
una Aldonza Lorenzo cualquiera sabe que es tenida por Dulcinea, se metamorfosea
en Dulcinea. Y cuando un Alonso Quijano cualquiera se sabe visto como Quijote,
es muy capaz de convertirse en tal. He ahí el embeleso, la virtud de infundir
belleza. "Cuando tú me mirabas, su gracia en mí tus ojos
imprimían"
y "ya bien puedes mirarme después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste"
. Sin Platón no hubiésemos
llegado hasta aquí.

Mariano Armaz.


 

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